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En el dia internacional de la mujer: Las mujeres españolas reclaman sin victimismo una igualdad real





Ellas están convencidas de que ya ponen todo de su parte para que la sociedad sea igualitaria. Se han incorporado al mundo laboral y educan a sus hijos ahuyentando roles. Hacen malabares con el tiempo, a costa del suyo propio. No se sienten víctimas, pero tampoco iguales, todavía.

Son mujeres españolas del S.XXI que, en el Día de la Internacional de la Mujer Trabajadora —que conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro— demandan más apoyo para la conciliación, se revuelven contra la brecha salarial, y reconocen que un techo de cristal bloquea su proyección laboral.

Las mujeres exigen cambios legislativos que garanticen la conciliación y una educación sin roles En medio de una feroz crisis económica, las mujeres aún se sienten más precarias y con menos oportunidades. Notan la falta de servicios sociales, de becas de comedor o de ayudas de la dependencia. Y son para ellas con más frecuencia los contratos temporales y subempleos, con cotizaciones inferiores y mayor pobreza.

Además, su desempleo se ha incrementado más del doble en cinco años, al pasar del 10,9% al 22,2%, según UGT. En su informe, el sindicato destaca que si en un principio la crisis afectó sobre todo a los hombres ahora "tiene cara femenina" a causa de las políticas de recortes que "afectan en primera instancia a la igualdad".

Ellas exigen cambios legislativos que garanticen la conciliación; ponen el foco de la erradicación del sexismo en políticas de igualdad "reales" y en una educación sin roles. Eso sí, cuando miran a su entorno más próximo, la mayoría encuentra jefes más sensibles que los de antes con su realidad familiar y maridos más activos en el reparto de tareas. Pero entonces se consideran unas "afortunadas".



Mª José Trillo. 41 años. Auxiliar de Enfermería y delegada de CSIT. Casada, dos hijos.

María José tiene su puesto de trabajo —en el servicio de farmacia del hospital de Getafe— aparcado desde hace unos meses para dedicarse a la labor de delegada sindical (CSIT). Decidió enrolarse en el sindicato para dar voz a las problemáticas de sus compañeros. Durante años lo compaginó con el trabajo de enfermera. Si es complicado aunar vida familiar y empleo, el ingrediente sindical añade aún más complejidad. En el hospital, donde son mayoría mujeres, no percibe discriminación sexista. La sanidad es un área con mucha representación femenina y además, "cada vez hay más mujeres entre los residentes", dice. Ella vive en Fuenlabrada, está casada y tiene dos hijos, de 9 y 13 años. A diario se reparte la crianza con su marido a partes iguales, pero últimamente, con la Sanidad madrileña en lucha por los recortes, ha pasado muchas noches encerrada en el hospital. "Tirando de marido" es como logra que la ecuación de su vida cuadre. "Nos intentamos compaginar, en eso hemos puesto mucho empeño", aunque reconoce que aún tienen tareas marcadas por sexos. "Si no le gusta hacer determinada cosa no se la pido, pero a mí tampoco me gusta encargarme del coche", dice. A su hijo, que es el mayor, le pide más responsabilidades que a su hija, como ordenar su cuarto y hacerse la cama. Ella opina que la convivencia sería más fácil si las mujeres educaran por igual a hijos e hijas. Y sí, considera que ahora las mujeres están "seriamente" perjudicadas: "Hemos salido de casa y seguimos asumiendo la casa".

Esther González, 42 años. Trabaja en una asesoría. Casada y con una hija.

Esther se confiesa "afortunada" al haberle permitido su trabajo conciliar la vida laboral y familiar. Sin embargo, más que por un avance en las leyes, asegura que es gracias a que sus jefes siempre se han mostrado comprensivos y flexibles con todas las situaciones que han ido surgiendo desde que tuvo a su hija Alba. Desde enfermedades hasta festivales escolares. Su marido José trabaja en un Ayuntamiento, así que, como entra a trabajar a las 8 de la mañana, es ella la que se encarga por las mañanas de preparar a Alba para desayunar y acompañarla a la parada de autobús para ir al colegio, donde siempre la esperan sus padres o sus suegros para llevarla hasta el colegio. Por las tardes, todo es más fácil ya que su marido ya está liberado del trabajo. Esther asegura que sin la ayuda de los abuelos les sería "mucho más difícil" organizarse.

Susana Pagés. 36 años. Diseñadora de moda y empresaria de Sevilla. Soltera, sin hijos.

Susana Pagés mantiene que aún hay empresarios que prefieren contratar a un hombre antes que a una mujer. "Afortunadamente", cada vez son menos, explica. Asimismo, asegura que hay que seguir promoviendo un "cambio de mentalidad", mediante la formación y la educación "en casa". Por otro lado, la conciliación laboral y familiar es una tarea "complicada". Es necesaria la ayuda de las parejas, pero, sobre todo, de las administraciones para lograrla. Su día arranca a las 7.30 h. Sobre las 8.30 h sale de casa para reunirse con su socio y planificar el día. Luego, atiende a proveedores y a las primeras citas del día. A las diez abre su tienda, ubicada en el centro de Sevilla capital, y allí permanece hasta que echa el cierre a las 13.30 h. Por la tarde, permanece en la tienda entre 17.30 y 20.30-21.00 h, aproximadamente. Cuando cierra, es el momento de las entregas o de asistir a algún evento. Los sábados vuelve a abrir su negocio, aunque hasta mediodía, porque las tardes son para permanecer en el estudio, según la temporada, ultimando diseños y encargos o preparando nuevas colecciones. Los domingos, para "descansar".

Shaida Elhcmi, 38 años, dueña de una frutería. Casada. Dos hijos, de 11 y 8 años.

Shaida trabaja seis días a la semana y tarda una hora (y tres transbordos) en ir desde Getafe, donde vive, a Ciudad Lineal, donde tiene su frutería. Llega a las diez a su tienda. Como su marido madruga para ir a comprar género a Mercamadrid, ella lleva a sus hijos al colegio. Asegura que todo le cuesta mucho y para que la conciliación sea real está dispuesta a traer a sus hijos a un colegio cerca de sus trabajo. Piensa que las cosas no han cambiado socialmente. "Aquí en la tienda vienen muchas más mujeres, amas de casa, que hombres a hacer la compra". Lo que tiene se lo ha ganado a pulso: "Trabajo mucho, incluso los sábados, así que al final solo tengo el domingo para descansar y para mi familia".

Conso Martínez. 38 años. Profesora de Infantil. Madre de dos hijos, de 6 y 2 años.

En su día a día, esta maestra de infantil de 38 años solo tiene unos minutillos para ella. "Mientras me tomo el café de la mañana y los niños aún duermen". Cuando se levantan comienza su intensa jornada: desayunos, cole, trabajo. Este año tiene que bregar en el aula con 25 niños de tres años. "Es muy bonito, pero agotador", reconoce. Los días que no tiene reuniones en la escuela puede ir buscar a sus hijos al colegio. Después, visita al parque, baños y cena, tareas que comparte con su marido. En el trabajo ella no sufre discriminación, "si somos casi todo mujeres", dice. Sí la sufrió como madre, al negarle el médico una baja a las 36 semanas de gestación. Lo suyo es la educación y preguntada por el sexismo opina que "todavía se estimula y se habla de diferente forma a los niños y a las niñas", aunque se procura que cada vez compartan más. "En mi clase los niños tiran más hacia el rincón de los coches y las niñas a las casitas", explica. La maestra cree que no hay igualdad real. "Inconscientemente nos hemos repartido por roles nuestra convivencia", aunque nota avance en su generación, "antes los padres ni se relacionaban con los hijos" y su marido ha sido pionero en pedir una excedencia para cuidado de su segundo hijo. En su opinión, hacen falta "políticas de igualdad que ahora con "brillan por su ausencia" y reales, "no vale con poner más guarderías y tener a los niños institucionalizados". Ella sugiere que la baja paternal, "sea de 30 días y obligatoria".

enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_Internacional_de_la_Mujer.



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