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OPINION:Fernando Gálligo Esteve, psicólogo en el IAM: "Las parejas jóvenes no identifican los malos tratos psicológicos y los normalizan"

Coincidiendo con la celebración este sábado del Día Internacional de la Mujer y con la reciente publicación del mayor estudio sobre violencia de género, el psicólogo del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), Fernando Gálligo Esteve, pone el acento en una entrevista con este diario en el aumento de casos de violencia de género entre los mas jóvenes. El mejor arma es, según el también autor de libros en la materia, la educación desde edades más que tempranas.

El día Internacional de la Mujer se celebra días después de que la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) presentara el mayor estudio sobre violencia de género hasta la fecha. Con cifras aterradoras, como que una de cada tres europeas de entre 18 y 74 años ha sufrido violencia física o sexual o que un 43 por ciento de las mujeres ha experimentado maltrato psicológico por parte de su pareja, el estudio sitúa a España por debajo de la media en malos tratos hacia la mujer. Antes de celebrarlo, hay que tener en cuenta que los sentimientos de vergüenza o miedo a confesar una situación de violencia de género son mayores en aquellos países con menor tradición en conciencia social en este sentido. Así lo cree Fernando Gálligo Esteve, psicólogo del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) y “desgraciadamente considerado pionero” en dar la voz de alarma sobre los malos tratos en parejas jóvenes, incluso adolescentes. También autor de Amando sin dolor, disfrutar amando (Editorial Pirámide, 2013), se acaba de reeditar su primer libro, Mi chico me pega, pero yo le quiero (Editorial Pirámide, 2009) que pone el acento en una peligrosa tendencia en violencia de género: cada vez más víctimas en franjas de edad cada vez más tempranas.

Según los últimos datos de Sanidad, son 15 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas en los escasos tres meses que llevamos de año. ¿No mejoran las perspectivas?

Desgraciadamente, en los últimos años está habiendo un repunte de casos. Lo más destacable es que, desde hace unos cinco años, están aumentando los casos entre una población cada vez más joven. Los episodios de violencia de género en menores de 30 ya suponen en torno a un 30 por ciento de los casos, 1 de cada 3. Está pasando incluso en parejas menores de edad, tanto asesinatos como malos tratos. Además, se está produciendo un incremento en los últimos años de los asesinatos de menores, hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género.

Las personas que ahora rondan la treintena ya han vivido en su adolescencia rodeados de campañas de sensibilización contra el maltrato a la mujer y mucha información al respecto. ¿Estamos haciendo algo mal?

La información ayuda a dar a conocer y puede apoyar la sensibilización, pero no mejora conductas. Para que una conducta mejore, además de la información, hace falta formación continuada y profunda en valores. La mejora de hábitos es un proceso lento que necesita constancia y tiempo.

Por otra parte, la gente joven no suele identificarse con muchas de las campañas de información que se han lanzado, simplemente no se ven reflejados en ellas. Y ahora, que sí se están haciendo campañas específicamente enfocadas a jóvenes, muchos siguen sin identificarse porque la gente joven no identifica los malos tratos psicológicos, que tienen normalizados, sólo reconoce el maltrato físico y de cierta gravedad.

Algunos estudios relacionan directamente determinados usos de las nuevas tecnologías y las redes sociales con casos de malos tratos en adolescentes…

Las nuevas tecnologías, sobre todo Whatsapp y las redes sociales, son elementos que facilitan el control, el chantaje y el maltrato a la pareja. Está claro que estas herramientas pueden tener un uso maravilloso, pero se está viendo que muchos jóvenes hacen un mal uso. En este sentido, es conveniente trabajar desde la familia. Hay muchos padres y madres que no tienen apenas conocimiento funcional en nuevas tecnologías y, por lo tanto, quedan desbordados por sus hijos e hijas que están muchos más familiarizados con ellas.

¿Cómo puede los padres evitar esas situaciones de riesgo?

Es necesario que el trabajo de educación empiece a edades muy precoces, antes incluso de la preadolescencia. Hay que inculcar los riesgos y los límites, para evitar casos, no sólo de violencia de género o malos tratos en pareja, sino también de violencia entre iguales, que también va en aumento entre los adolescentes.

Desde hace ya casi una década, estamos notando en muchas familias un abandono en la educación en normas, en límites, en respeto y en igualdad. Por supuesto que muchos padre se preocupan por esto, pero desgraciadamente hay familias que, bien porque creen que no saben o bien porque creen es competencia de los centros de enseñanza, hacen dejación de la labor educativa.

¿Es peligroso dejar de lado la educación en igualdad en una etapa tan difícil, convulsa e, incluso, violenta, como es la adolescencia?

Incluso antes. En la preadolescencia, a partir de los 11 ó 12 años, es cuando empieza cada vez más a experimentarse la presión del grupo, cuando se deja de ser niño pero todavía no se es joven y menos aún adulto. Es una etapa de muchas turbulencias, de crisis, de inestabilidad y de cambios, tanto físicos como psicológicos y de rol social. Son edades consideradas de especial riesgo para todo. Ya en 2007, cuando propuse a la editorial escribir Mi chico me pega, pero yo le quiero, llevaba varios años viendo cómo los casos de chicas menores de 30 y de 25 años que llegaban a la consulta por situaciones de malos tratos en pareja se incrementaban. Desgraciadamente, la evolución de la violencia de género en parejas jóvenes me ha confirmado como pionero con ese libro. Desde hace ya más de un año tenemos en el Instituto Andaluz de la Mujer un programa nuevo para chicas de 14 a 17 años, tanto de atención psicológica individual como de orientación a padres y madres. Ahora han empezado a llegar casos de menores de 14 años. Mi experiencia me indica que están aumentando los casos de violencia de género y de malos tratos en parejas jóvenes, y también que está bajando la edad de los implicados progresivamente.

Según el reciente estudio publicado por la Unión Europea, España está por debajo de la media en violencia contra la mujer. ¿Se dan realmente menos casos o lo que ocurre en nuestro país es que hay menor visibilidad de las víctimas?

Las estadísticas siempre hay que analizarlas con mucha cautela y mucha profundidad. Por un lado están los casos que son denunciados y por otro los casos realmente existentes, que son siempre muchos más. Los datos pueden también haberse distorsionado al comparar España con países donde se lleva mucho más tiempo trabajando en la atención a víctimas de violencia de género. Hay muchas mujeres que pueden estar siendo maltratadas psicológicamente pero no se reconocen como tal. Por lo tanto, no sólo no van a denunciar, sino que tampoco se van a considerar personas maltratadas por su pareja en las encuestas para este tipo de estudios. En los Países Nórdicos, la mujer tiene desde hace mucho tiempo una amplia presencia en el trabajo, en la esfera pública y en cargos políticos y existe una mayor conciencia con los casos de violencia. En España no llevamos tantas décadas con las campañas y las atenciones adecuadas por parte de los organismos de igualdad.

En países que nos llevan una gran ventaja en este sentido se ha conseguido una mayor visibilidad o apertura, pero no unas cifras residuales. ¿No es desesperanzador?

Para que las conductas igualitarias, de conciliación y de respeto funcionen hace falta una formación completa y continuada y mucho tiempo, el necesario para desarraigar hábitos sexistas e instaurar hábitos igualitarios. Por eso insisto en la necesidad de trabajar en edades lo más precoces posible. Empezar en la adolescencia, ya es un poco tarde. Hay que hacerlo en la familia, desde que nacen los niños y niñas, y también en las guarderías con prácticas y tratamientos igualitarios que se mantengan a lo largo de todas las etapas de la enseñanza. También es fundamental trabajar la educación en igualdad en escuelas de madres y padres y a nivel comunitario, en los pueblos y las juntas de distrito.

¿Cómo se explica desde el punto de vista psicológico el sentimiento de vergüenza y culpa que experimentan las mujeres víctimas de violencia sexista?

Es cierto que en muchas ocasiones, cuando hay un maltrato psicológico continuado, la víctima se acaba culpabilizando. La persona que la maltrata corta sus relaciones y lazos sociales y, al terminar aislada, la única valoración que tiene es la de su pareja maltratante. Se convierte en su único referente y, por tanto, acaba creyéndole cuando la culpabiliza o la menosprecia. Por otra parte, estas situaciones continuadas van haciendo mella en la autoestima y las habilidades sociales y aumentando toda la sintomatología ansiosa y depresiva. En este marco, la víctima acaba sintiéndose culpable de la actuación de su maltratador. Por eso, hay que dejar muy claro que la única persona culpable de la violencia es quien maltrata y la víctima nunca es culpable, ni siquiera responsable, de la violencia que ejerce otra persona contra ella. En el trabajo psicológico terapéutico trabajamos para desculpabilizarla, aumentarle la autoestima, las habilidades sociales y la estabilidad emocional.

¿Supone una barrera como psicólogo especializado en este campo ser un hombre?

No, llevo 14 años trabajando como psicólogo en el Instituto Andaluz de la Mujer en Málaga y prácticamente nunca he tenido ningún problema por el hecho de ser hombre. Puede haber sido incluso una ventaja más que un inconveniente. Si fuera una psicóloga, las víctimas verían lógico el posicionamiento totalmente en contra del maltrato pero, el hablar con un hombre les ayuda a comprender que no todos los hombres son maltratadores y les sirve como referente positivo.

¿Y la violencia en sentido contrario dentro de una pareja: de mujeres a hombres? ¿Es prácticamente inexistente o también hay algún tipo de tabú al respecto?

En el Instituto Andaluz de la Mujer atendemos sólo a mujeres, aunque sí sé de casos de violencia en la pareja en los que maltrate, generalmente más de forma psicológica, es la mujer al hombre. Pero en una sociedad patriarcal como la nuestra, lógicamente hay mayor número de casos de violencia contra la mujer que de maltrato de la mujer hacia el hombre. Sí he tratado en mi consulta a mujeres maltratadas por su pareja en parejas homosexuales. En estos casos se reproducen bastante todos los esquemas de control, aislamiento, manipulación y dominio.

Considerando la nuestra una sociedad patriarcal, imagino que será necesario cambiar muchas otras cosas, estructuras trasversales a nuestro modo de vida, para conseguir una igualdad real que derive en el fin de la violencia de género, desde la estructura del mercado laboral, a la publicidad, pasando por ciertas concepciones de religión o el tradicional concepto de familia…

Por supuesto, todo influye: los medios de comunicación, los contenidos no muy convenientes en algunos programas de televisión o la publicidad, como hemos visto recientemente en un desgraciado anuncio de fertilizantes agrícolas en Almería. Hay que trabajar en todos los campos, por supuesto, pero creo que lo fundamental es la educación, tanto en el centro de enseñanza como, y especialmente, por parte de las familias, que en muchos casos crían pero no educan.

Estamos orgullosos de muchos de los pasos que hemos dado en la igualdad entre hombres y mujeres en las últimas décadas pero, ¿cree qu se han dado pasos atrás al respecto debido a la crisis económica?

La crisis económica no ayuda en ningún sentido. Empeora las cosas porque obliga a hace.



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