Atención de Mujeres en Situación de Vulnerabilidad

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PAIS VASCO; «Estamos aquí para arropar a las víctimas y decir que de esto se sale»

Representantes de diferentes entidades explican sus posturas en la pelea por dignificar a la mujer

Dos víctimas, una feminista, una abogada, dos psicólogas, una ertzaina, una jurista, un técnico y una psiquiatra forense pelean contra la violencia de género

«Tensión, explosión y luna de miel. Ese es el ciclo del maltrato que puede repetirse durante años». Nerea del Campo es una mujer valiente que sale adelante cada día con un hijo de ocho años que ni siquiera conoce a su padre. Ni a la familia de éste, porque desde que su madre denunciara malos tratos cuando estaba embarazada de cinco meses, ese entorno se cruza de acera si la ve por su pueblo, por Eibar. Raquel Solorzano coincide con ella. Es una mujer callada que tiene dos hijos y que vivió una etapa de su vida 'asfixiada' bajo la temible frase de «¿ves lo que me has hecho hacer?» cada vez que la maltrataba y la vejaba.

Este miércoles se celebra el Día contra la Violencia de Género y la sociedad aparecerá un año más conmovida y solidaria ante esta lacra que solo este año se ha cobrado ya la vida de 48 mujeres a manos de parejas o exparejas. Asun Urbieta, de Errenteria, es feminista desde los 18 años. Luchó por el derecho al divorcio y al aborto, milita en Plazandreok, una plataforma que se presenta cada cuatro años a las elecciones municipales de San Sebastián y llama la atención sobre el fenómeno de las exparejas.

«Cada vez es más numeroso el porcentaje de separados u hombres en vías de separación dentro de los agresores. Tienen un comportamiento talibán y su único objetivo es matar. No se escapan, a veces se suicidan, otras se entregan... No les importa morir matando y no toleran que su mujer les haya salido respondona entre comillas y les haya dejado».

Asun pisa tierra, procura que todo el entramado de apoyo funcione, que los departamentos institucionales para la igualdad den pasos y tengan cada vez menos goteras. «Es que los datos te tumban. Y los agresores son solo la punta del iceberg que nos recuerda que estamos en peligro porque no nos libramos de tener un mal encuentro con un conocido o con un desconocido».

No hace demasiado tiempo, los malos tratos eran solo una cuestión del ámbito personal, llamados muchas veces crímenes pasionales con un punto casi literario cuando aparecía una mujer muerta a manos de su marido.

La abogada Ana López Casarrrubios recuerda que no fue hasta el 23 de noviembre de 1995 cuando se publicó la Ley Orgánica para un nuevo Código Penal en la que se introdujo la violencia de género como delito perseguible de oficio. Hasta entonces, las palizas eran meras faltas. No fue hasta diciembre de 2004 cuando se promulgó otra Ley Orgánica de medidas de protección integral para la violencia de género, un cambio que supuso regular ayudas sociales y laborales, protección o medidas de alejamiento.

¿Funcionan estas medidas? La abogada cree que en muchos casos sí, «aunque está claro que no en otros». Un detalle frecuente es que tras un asesinato de violencia de género no haya denuncia alguna.

«Es que cuesta mucho denunciar», asegura López Casarrubios. «Incluso cuando acuden al despacho te das cuenta de lo difícil que es que hablen de maltrato. Te cuentan otras películas, te dicen que se quieren separar porque no se llevan bien, pero hay veces en las que tú ves algo más. Te das cuenta de que no quieren decirlo, primero empiezan por los insultos y a veces te cuentan que ha habido agresiones. Es verdad que hay mujeres que llegan con lesiones físicas claras, pero también hay otras que son víctimas de una violencia psíquica horrenda y no pueden dejar de llorar, ni tan siquiera son capaces de decir qué les pasa. Existe una dependencia emocional y muchas veces económica. Ir a un sitio, al que sea, a contar tu intimidad también es complicado y a menudo pasan muchos años hasta que estas mujeres toman conciencia.

Esta actitud también la señala Blanca Morera, psiquiatra forense. «Es realmente raro que una mujer acuda a la consulta, sea del especialista que sea, alegando malos tratos, y la mayoría de las veces es una realidad a la que accedemos cuando preguntamos. Incluso en algunos casos somos los profesionales los que le ponemos nombre. En los servicios de urgencia existen protocolos y hay ahora mismo bastante sensibilidad entre los profesionales para su detección. Pero el problema real viene en el proceso: de nada sirve detectarlo si la mujer no puede abordarlo, ubicarse de otra forma en la relación y dar pasos para resolverla y romperla».

Nerea y Raquel han pasado por todo ello y lo tienen claro: «Es que estás enganchada, enamorada de esa persona, no le puedes dejar. Parece un tópico, pero piensas que cambiará». Ambas han recibido palizas y ramos de flores de sus agresores para hacerse perdonar. Nerea afirma que la culpa también fue de ella. «¡Ojo! No lo digo en el sentido que ellos nos quieren hacer creer, sino porque hemos aceptado que nos machacaran. Si no llega a ser porque iba a tener un hijo y me entró pánico que él viviera todo aquello, no sé si hubiera dado el paso».

El mismo patrón

De todo esto, Raquel ha aprendido que no hay ni mujeres ni hombres perfectos, pero también algo que le parece terrible. «Todos los maltratadores están cortados por el mismo patrón, pese a que no se conocen. Y también nosotras somos muy parecidas entre nosotras». «Nos educaron en eso de que 'el que bien te quiere te hará llorar' o en lo de que 'los que mucho se pelean mucho se desean'» recuerda Nerea con un punto de amargura.

Han fundado la asociación Mujeres al Cuadrado, dan clases de castellano a las migrantes que llegan a Eibar. Siempre gratis, pese a que estar solas les ha supuesto una merma de ingresos muy importante. «En el argot decimos que este es el mal del chalet y la chabola, de mujeres que nos dedicamos sobre todo a la familia y a la casa». Entre las personas que acuden a ellas hay una mujer que no se atreve ni a dar su nombre, ni mucho menos a salir en la foto, pero que también ha padecido constantes malos tratos, incluso estando enferma. Él se ha quedado con los cuatro hijos de la pareja a los que, según dice, azuza contra ella. La denuncia se desató en el hospital, cuando acudió de urgencia y los médicos comprobaron que sus llantos no eran solo por el dolor de una úlcera, que había algo más. Toma medicación, Raquel va todavía al psiquiatra y Nerea defiende en voz muy alta que si le echas la culpa a él de todo siempre vas a ser su víctima. «Hay que gestionar las emociones. Llegó un punto que me daba miedo hasta conducir, algo que me encanta».

Muy duro

Maite Santamaría sabe mucho de esos males. Su papel como psicóloga es aportar recursos que permitan a estas mujeres desarrollar su personalidad. Desde la Casa de las Mujeres, a la que dedica un día a la semana para terapias individuales, dirige a cada persona hacia servicios como Lanbide, trabajadoras sociales, psiquiatras... Normalmente, la gente a la que trata son mujeres hartas de recorrer todos los recursos, personas que han tirado la toalla porque, «no olvidemos, esto es durísimo y los recursos no se adaptan muchas veces a las expectativas y necesitan un acompañamiento, una supervisión. Las depresiones son frecuentes, la soledad...». Maite prefiere no hablar de ningún caso impactante, «porque todos son muy duros».

Un consejo habitual es que, ante una agresión, la mujer acuda a la Er-tzaintza, que presente una denuncia. Patricia Alza encabeza la sección de Violencia de Género de la comisaría de Irun desde 2012. Explica que, ante cualquier alerta, los agentes adscritos a la calle actúan de inmediato, y acompañan a la víctima a la comisaría o al hospital para que se realice un parte de lesiones. «Sea por esta vía o porque la mujer agredida decide acercarse a comisaría intentamos siempre que sea atendida por otra mujer». Esta ha sido una petición constante por parte de distintos colectivos. Patricia Alza asegura que para la Ertzaintza también es muy importante que sea así. «Al final, la víctima ha sido agredida por un varón y lo habitual es que no se sienta cómoda con otro».

Apoyo permanente

Después llegará la hora del Juzgado, que será el que dictamine si debe haber o no alejamiento, también puede decidirse que esa mujer vaya a un piso de acogida urgente, pero hay más. «Tenemos un teléfono directo de contacto, hacemos un seguimiento de la persona y sobre todo, le animamos para que acuda a un servicio psicológico, le ponemos en contacto con estos profesionales que son fundamentales para personas que tienen un enganche personal tan difícil de romper».

Una vez que se abre el expediente, desde el departamento de Patricia Alza se llama a la víctima cada mes, cada quince días si el caso es más grave. «Les solemos decir que desde el momento de la denuncia todo va a ir para arriba. Porque ya han hecho lo más difícil, porque sabemos que en muchos casos ha pasado tiempo sin que vengan a comisaría, porque han tocado fondo. Tenemos que darles fuerzas, aportarles el mayor apoyo posible, sobre todo desde el punto de vista psicológico. Sabemos que estamos ante una mujer que está derrotada, que luego tiene que volver a casa y que a menudo tiene críos a su cargo. Tienen que creer que salen porque, entre otras cosas, muchas los consiguen y cuando ha pasado lo peor, incluso están más guapas».

Para Ana López Casarrubios, como abogada, el proceso es demasiado largo. «Las penas de alejamiento solo se otorgan tras el juicio, aunque hay órdenes provisionales tras la denuncia si se considera que hay riesgo para la denunciante. Hay que ponerse en la piel de personas que hacen todo el camino policial y judicial, la tristeza que les invade cuando tienen que decir que la persona a la que quieres y que te mantiene, te pega, te insulta, te hace la vida imposible. Y después de todos los pasos, con orden de protección o sin ella, tiene que volver a casa y enfrentarse con tu soledad y su dolor».

Servicio pionero

Idoia Pérez Araiz es la jurista del Servicio de Atención a las Víctimas del Gobierno Vasco en Gipuzkoa, donde se atiende a todo tipo de personas que hayan sufrido un delito. El servicio fue pionero en el Estado, es gratuito y confidencial, no exige denuncia previa y trata a hombres y mujeres sin limitación de género, edad o situación administra, con cita previa o sin ella. Las mujeres víctimas de agresiones o de malos tratos no son las únicas personas que se acercan a este servicio, pero Idoia reconoce que son una parte importante de las personas atendidas. «Tenemos también un teléfono gratuito el 900 100 928 al que se puede llamar».

El primer contacto se hará con la trabajadora social, que hará una radiografía de lo que ocurre y qué recursos puede necesitar esta víctima. «A veces hay más cosas que están latentes que las que se cuentan».

A partir de ahí se aconsejará a la mujer la mejor vía para salir del infierno al que está sometida». Si lo desea, la persona tendrá acompañamiento dentro de todo el proceso judicial que decida emprender, pero también algo muy importante: apoyo psicológico con el que emprender la aventura, para lo que Grego Zubieta está preparada. Ella intentará entender todo eso que se esconde tras la petición de ayuda.

ENLACE; http://www.diariovasco.com/sociedad/201512/05/estamos-aqui-para-arropar-20151123005418-v.html.



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