Atención de Mujeres en Situación de Vulnerabilidad

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El maltrato a las mujeres ancianas también es violencia de género

El maltrato a personas mayores se define como la acción única o repetida, o la falta de respuesta apropiada, que causa daño o angustia a una persona mayor y que ocurre dentro de cualquier relación en la que exista una expectativa de confianza, según Moya y Barbero.

La violencia contra las mujeres mayores es consecuencia directa de la discriminación de género, a la que se une además la discriminación por edad.

En este sentido, hay que tener en cuenta que el envejecimiento afecta de forma diferente a hombres y a mujeres, debido a la adopción de roles diferentes a lo largo de su vida. UNAF ha denunciado además que la mayoría de estas mujeres mayores han sido víctimas de la violencia de género a lo largo de toda su vida.

Muchas de estas mujeres no se reconocen como víctimas de violencia porque han asumido el maltrato como una dinámica normal en su relación de pareja. Incluso llega a darse la paradoja de que estas mujeres maltratadas terminan siendo las cuidadoras de sus propios maltratadores.

La imagen social más arquetípica de una víctima de violencia de género suele corresponder con la de una mujer joven, a menudo con hijos pequeños a su cargo. O bien, tal como señala Jorge Gracia, con la de una mujer de mediana edad.

Pero estos estereotipos simplifican en exceso y oscurecen una realidad bastante más compleja. De hecho, la lacra de la violencia de género se encuentra presente en todo tipo de relaciones de pareja, existe entre personas de todas las edades, y se hace notar en todos los estratos sociales y culturales.

Afecta, por lo tanto, a las adolescentes, las mujeres jóvenes y las adultas. Y también a las mujeres mayores. Tanto la violencia de género como el maltrato familiar hacia los mayores implican claramente una violación de esos valores sociales o principios éticos que son los derechos humanos.

Desde que en el año 1979, en la Asamblea General de la ONU, se aprueba la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer los organismos internacionales se han ido ocupando de las diversas formas en las que los derechos humanos de las mujeres son violentados. En esta línea de actuación, en diciembre de 1993, la Asamblea General aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Hasta este momento, los gobiernos consideraban la violencia contra la mujer como un asunto privado.

En esta Declaración se insta a los gobiernos a que adopten medidas concretas para impedir los actos violentos contra las mujeres.

En septiembre de 1995, en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing, se elaboró una Plataforma de Acción en la que se determinó las medidas que los gobiernos y las comunidades tenían que adoptar para controlar la violencia contra la mujer.

En relación con la violencia contra las personas mayores, y a pesar de la no existencia de una Convención Internacional de los Derechos Humanos de las personas mayores, en el marco de la orientación consagrada a la creación de un entorno propicio y favorable, el Plan Internacional de Acción de Madrid hizo una referencia explícita al abandono, el maltrato, y la violencia contra las personas mayores con una especial mención a las mujeres mayores como colectivo especialmente vulnerable.

Se recogían, además, varias recomendaciones enmarcadas en dos objetivos principales: la eliminación de todas las formas de abandono, abuso y violencia contra las personas de edad, por un lado, y la creación de servicios de apoyo para atender a los casos de abuso y maltrato contra las personas de edad, por otro.

Contemplar estos fenómenos desde ese marco y perspectiva permite, por un lado, señalar a la atención del público las cuestiones normativas relacionadas con el maltrato tanto hacia las mujeres como hacia las personas mayores y, en general, hacer notar la desigualdad y la discriminación que sufren; por otro lado, examinar respuestas eficaces frente a los malos tratos y la violencia de la que pueden ser víctimas.

Las mujeres mayores de 65 años son el grupo social más susceptibles de padecer situaciones de abuso, maltrato y/o violencia. Pueden además sufrir violencia de género y a ello se añade una asociación significativa entre la violencia y una salud física mermada, hogares con ingresos bajos, o largos periodos de situación de dependencia y la sobrecarga familiar que supone el cuidado de personas mayores. Incluso puede afirmarse que muchas de estas mujeres mayores víctimas de maltrato machista se ven obligadas a cuidar de sus propios maltratadores.

El perfil de la víctima, según se ha puesto de manifiesto por el citado Moya y Barbero, es el de una mujer que presenta estas características:

a). El de una mujer viuda, mayor de 75 años de edad.

b). Que vive con la familia.

c) Con ingresos inferiores a 6.000 euros al año.

d). Que posee una evidente fragilidad.

e). Que depende del cuidador para las actividades de la vida diaria.

f). Que tiene una notable vulnerabilidad emocional y psicológica.

g). Que lleva a cabo una ingesta de más de cuatro fármacos diarios.

h). Y que en el último año ha sido visitada por un médico, una enfermera o un trabajador social.

Y el perfil del agresor, según dicho autor, presenta a su vez, la siguiente tipología de persona:

a). Normalmente es hijo/a o pareja de la víctima.

b). Posee un trastorno mental.

c). Es consumidor habitual de alcohol y/o drogas.

d). Es una persona que presenta conflictividad con la persona mayor.

e). Posee una escasa preparación para cuidar y no comprende la enfermedad.

f). Lleva como cuidador más de 9 años.

El maltrato a las personas más vulnerables es una de las lacras que sufre nuestra sociedad, y en ese conjunto, las mujeres mayores son uno de los eslabones más débiles. Sin embargo, la violencia que sufre este colectivo es completamente invisible, una “cifra oculta” como indica Encarnación de Haro.

El miedo a formular denuncia que ya de por sí atenaza a las víctimas de violencia de género se une a otras circunstancias propias de la vejez (enfermedades, dependencias físicas, emocionales o económicas, entre otras) para tornar más imperceptible si cabe una realidad preocupante que requiere un abordaje transversal que permita prevenir las situaciones de maltrato que sufren las mujeres mayores y, en caso de que estas se produzcan, solucionar el problema con medidas coercitivas tanto a nivel policial como judicial, pero también ofreciendo ayuda a la víctima.

También constituye un hecho evidente que no existen recursos públicos para acoger a estas víctimas, a las que lastra la dependencia afectiva y económica, a las que les cuesta identificar y aceptar su situación, teniendo en cuenta que son las víctimas de violencia de género que menos denuncian a sus maridos o a sus parejas, y que finalmente, en muchas ocasiones son sus propios hijos e hijas quienes a menudo les frenan denunciar la existencia de tales maltratos a la policía, y a dejar a su pareja.

En este sentido, no hay que olvidar que entre un 5 y un 10 por ciento de las personas mayores sufren algún tipo de maltrato –ya sea físico, psicológico, económico, estructural, etc., como más adelante se verá- por parte de sus cuidadores o de sus propios familiares, lo que constituye algo enormemente difícil de detectar, por lo que es necesario poner en su mano instrumentos para saber identificarlos, y ahí es esencial el papel de la sensibilización y la educación.

Pese a esa invisibilidad, y aunque la fría estadística puede aportar pocos datos que cuantifiquen la magnitud del problema, si hay algunos que permiten hacerse una idea, tal y como ha destacado José Mª Alonso Seco, consejero técnico del IMSERSO.

Sí se sabe que el 28 por ciento de las llamadas que se reciben en la Oficina de la Defensa del anciano son por situaciones de maltrato, si bien no se distingue entre hombres y mujeres, y es significativo que un tercio de las personas mayores cuidadas están en riesgo de sufrir maltrato.

Las características que habitualmente presente esta tipología de violencia de género son las siguientes:

a). Maltrato físico, el cual se encuentra normalmente caracterizado por la existencia de daño corporal, dolor o deterioro físico, producidos mediante fuerza física o violencia no accidental.

b). Maltrato psicológico emocional, el cual consiste en causar intencionadamente angustia, pena, sentimiento de indignidad, miedo o estrés, mediante actos verbales o no verbales.

c). Negligencia, que implica el rechazo, negativa o fallo para continuar o completar la atención de las necesidades de cuidado de una persona mayor ya sea voluntaria o involuntariamente, por parte de una persona responsable de su cuidado.

d). Abuso sexual. Hace referencia a comportamientos o contacto sexual de cualquier tipo, intentado o consumado, no consentido o con personas incapaces de prestar su consentimiento para ello.

e). Maltrato económico o material, que lleva consigo con un carácter de habitualidad, la utilización no autorizada, ilegal o inapropiada de fondos, propiedades, o recursos de una persona mayor.

Según Iborra Marmolejo, como factores condicionantes y favorecedores de la existencia de violencia de género sobre las mujeres ancianas, se encuentran principalmente los que se citan a continuación:

a). Factores probables: las condiciones de convivencia, el aislamiento social, la demencia, las características individuales de los agresores (enfermedad mental, hostilidad, abuso del alcohol y dependencia del agresor).

b). Factores potenciales: el género, la relación entre la víctima y el agresor, características de las víctimas raza.

c). Factores cuestionados: la discapacidad física de la persona mayor, la dependencia de la víctima, el estrés del cuidador transmisión intergeneracional de la violencia.

d). Factores de riesgo de la víctima: sexo, aislamiento social, dependencia, y trastornos psicológicos.

e) Factores de riesgo del agresor: sexo, aislamiento social, dependencia económica psicopatología (depresión, abuso de sustancias como alcohol o drogas), relación con la víctima, (parentesco: hijos o pareja), estrés.

f). Factores de riesgo socioculturales: la existencia de una cultura violenta, transmisión intergeneracional de la violencia dentro de la familia, edadismo.

A la vista de ello, puede afirmarse la importancia que tiene la intervención de los poderes públicos a los efectos de poder neutralizar en la medida de lo posible estos factores de riesgo a los que se ha hecho alusión, poniéndose de relieve que se hace imprescindible cada día más la existencia de una coordinación entre todas las administraciones que intervienen en estos casos y la sociedad civil es fundamental para poder avanzar en la erradicación de nuestra sociedad de la violencia de género y el maltrato contra la mujer mayor.

En este sentido, debe traerse a colación el Protocolo establecido en la Comunidad Autónoma de Murcia, donde se concretan por medio de una política de carácter público, estos factores de riegos, donde se indica lo siguiente:

a). Factores individuales de la víctima del abuso:

◦Persona mayor frágil.

◦Alteración de las funciones cognitivas.

◦Deterioro funcional.

◦Historia de enfermedad mental.

◦Abuso de alcohol.

◦Bajo poder adquisitivo.

b). Responsable del abuso:

◦Trastornos de la personalidad.

◦Abuso de sustancias (alcohol, drogas…).

◦Problemas de salud mental (depresión…).

◦Deterioro cognitivo.

◦Resentimiento de los miembros de la familia por los gastos que entraña la atención de la persona mayor.

c). Factores relacionales

◦Nivel de estrés del cuidador/ra.

◦Excesiva sobrecarga física y/o emocional del cuidador/ra.

◦Historia de violencia familiar.

◦Adultos que dependen económicamente de sus mayores (por alojamiento y sustento).

◦Vinculación emocion.



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